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Siervo de Dios Alfonso Lambe
Por el Siervo de Dios Frank Duff, Fundador de la Legión de María

ORACIÓN

¡Oh Dios! que con tu infinita misericordia inflamaste el corazón de tu siervo Alfonso Lambe de un amor sin límites a Ti y a María; amor que exteriorizó en una intensa vida de trabajos, vigilias y sacrificios para la salvación de almas, concédenos, si es Tu Voluntad, que logremos por su intercesión, lo que no podemos conseguir por nuestros meritos. Por Jesucristo Nuestro Señor Amen.

(Con aprobación eclesiástica).


Se ruega a las personas que por mediación de Alfonso Lambe obtengan favores de Dios, envíen los datos a la siguiente dirección electrónica: concilium@legion-of-mary.ie


Para contribuir a su futura Beatificación


ALFONSO LAMBE
Nació en la católica Irlanda en la fiesta de San Juan Bautista, de 1932. Y como Juan, tuvo misión de precursor. A Alfonso Lambe le tocó serlo de la Legión de María ("el más grande movimiento que se ha establecido para el bien desde la era de las grandes órdenes religiosas" Mons. Montini, hoy Pablo VI).

A los 21 años llegó a América como Delegado Internacional de la Legión de María y recorrió los países latinoamericanos fundando millares de praesidia - grupos legionarios - dejando a su paso la estela de la santidad y la alegría de las almas marianas.

Dios lo dotó de grandes dotes naturales que él cimentó en la humildad e hizo fructificar en una ardiente caridad.

Puso al servicio de la Legión su generosidad, entusiasmo y simpatía. Para llevar las almas a Cristo ofrendó su heroica juventud en manos de María.

El Señor aceptó el holocausto el 21 de enero de 1959. Sus restos descansan en Buenos Aires - Argentina - en la bóveda de los Hermanos Cristianos Irlandeses en el cementerio de la Recoleta.

Hoy, obispos, sacerdotes, religiosos, estudiantes, obreros y familias enteras, recurren a él para obtener favores de Dios.

ALFIE LAMBE
Por el Siervo de Dios Frank Duff

Alocución pronunciada por el Hno. Frank Duft en la fiesta de la Curia "Presentata" el domingo 9 de diciembre de 1979.

Aunque parezca extraño, creo que nunca he pronunciado una charla formal sobre Alfie Lambe. Ha sido, por supuesto, un tema frecuente en nuestras conversaciones. Para aquellos que lo conocieron, su imagen permanece muy vívida. Nunca se menciona su nombre sin despertar una profunda emoción.

Ahora se nos aparece bajo un nuevo aspecto. Hace poco tiempo, Su Eminencia, el Cardenal Umberto Mozzoni, quien fuera Nuncio Apostólico en la Argentina, en los tiempos en que Alfie actuaba allí, volvió a visitar el país y se mostró sorprendido de que la Causa de Alfie, no hubiera sido presentada aún. Se entiende que se expresó muy claramente sobre este punto, insistiendo en que Alfie poseía todas las cualidades requeridas para justificar este paso.

Luego de su distinguida carrera como Nuncio Papal, el Arzobispo Mozzoni volvió a Roma, donde fue elevado al Cardenalato y designado para integrar varias de las importantes Congregaciones que manejan los asuntos de la Iglesia. Una de ellas es la que tiene a su cargo las canonizaciones. Este hecho agrega gran peso a. sus recomendaciones, pero, sobre todas las cosas, Su Eminencia, conoció personalmente a Alfie, lo vio trabajar, conversó mucho con él y habló de él con Nuncios y autoridades eclesiásticas de todos los demás países de Sudamérica en los cuales trabajó Alfie. Más aún, fue él mismo quien dio las bendiciones finales al Enviado, en el momento de morir.

La expresión de asombro de Su Eminencia con respecto a la demora en la presentación de la Causa, parece que resultó efectiva. La Legión fue puesta en marcha y se formó una comisión para promover el asunto. Ahora, María Sofía del Prado, designada para presidir esa comisión, ha visitado Dublin, procedente de Roma donde conversó sobre este tema con el Cardenal Mozzoni, para enterarnos de esas actividades y requerir la colaboración del Concilium.

Voy a expresar que no es una sorpresa para nosotros la proposición del Cardenal. Siempre hemos pensado que Alfie murió en olor de santidad y en todos los lugares donde actuó, se ha registrado idéntica impresión. Nos parecía lógico que se hiciera algo a ese respecto. En efecto, cuando murió, el Cardenal De la Torre, Arzobispo de Quito, Ecuador, aprobó una oración que le fue propuesta.

Era pues de esperarse que el Concilium se diera cuenta que el tiempo pasaba sin que se concretara una acción formal en tal sentido, pero la vida en el Concilium se desarrolla en una febril actividad y se presumía que el asunto avanzaba a un ritmo adecuado a su importancia. De modo que nos ha hecho un efecto de "shock" el constatar que todos esperábamos que se hiciera algo, sin que se hubiera hecho, hasta ahora, nada tangible.

Tenemos pues, que prestar de todo corazón, la cooperación que María Sofía del Prado ha venido a pedirnos. Es nuestro deber, ya que somos los principales custodios del prestigio de Alfie. Que no se diga de nosotros, cínicamente, que la recordación de los hombres no es un monumento.

El progreso de la Causa del Edel Quinn ha logrado que ella continúe viviendo. Debemos también a Alfie esa continuidad de vida. Por ello, debemos hacer todo lo que esté en nuestras fuerzas para ponerlo en evidencia. Tenernos que orar y tenemos que hacerlo conocer en la mejor forma que podamos. ¿Cómo puede la gente interesarse por él si no lo conoce?

Una forma efectiva es divulgar su biografía escrita por Hilde Firtel, obra que es una joya. Hilde fue nuestra Enviada a Alemania, inmediatamente después de la guerra y esparció la Legión en todo el país. Su propia vida está llena de grandes méritos.

He releído este libro ahora y nuevamente he quedado admirado por la forma en que la autora lo ha encarado. Cuando ustedes lo lean, sabrán porqué Alfie fue capaz de llegar tan profundamente a los corazones. Cómo cubrió Sudamérica con su ejército de legionarios y también cómo ganó tal veneración. Dejo al libro la tarea de contarles la historia de Alfie Lambe.

La primera vez que vi a Alfie en un grupo, no fue un encuentro personal. Era novicio en los Hermanos Cristianos en Marino, al norte de Dublin y yo fui para hablar de la Legión. Más tarde me dijo que esa conversación había despertado su interés por la Legión.

Luego se enfermó. Tal era el aprecio en que lo tenían sus superiores que por un momento hasta pensaron no tomar en cuenta la opinión de los médicos y retenerlo. No sabían ellos qué cerca estuvieron de interferir en su verdadera vocación.

Para él su separación de los Hermanos Cristianos, le pareció un desastre irreparable, que casi le destrozó el corazón, según declaró. Pero la Legión, a la que se incorporó poco después en su ciudad, le trajo la verdadera consolación.

Consideremos las circunstancias posteriores. Cuando Alfie murió, fue la puerta del sepulcro de los Hermanos Cristianos de Buenos Aires, la que se abrió para recibir sus restos mortales. El Superior había sido su condiscípulo en Marino. ¿No es ésta una notable coincidencia?

Nuestro Señor reconoció cuánto habían hecho los Hermanos Cristianos por Alfie y al final, se los devolvió.

Pero nos hemos adelantado a los acontecimientos. Volvamos al angustiado muchacho que ve naufragar sus más caras ambiciones. Pero no se permitió permanecer mucho tiempo en esas condiciones. Ingresó en la Legión y ella fue para él, un sustituto, por lo menos, de lo que había perdido. Como toda la situación era obra de la Providencia, los acontecimientos siguieron su curso. La importante empresa donde trabajaba Alfie, cerró súbitamente.

Si uno hubiera estado alerta con respecto al desenvolvimiento de Alfie, podía haberse imaginado lo que iba a suceder. La atracción legionaria fue lo suficientemente fuerte como para influir en él. No buscó trabajo localmente sino que vino a Dublin.

Otros horizontes se abrían para él. Se unió a los esfuerzos por extender la Legión en toda Irlanda. Mostró en esas tareas su gran capacidad y aquellos que lo rodeaban comenzaron a preguntarse qué sucedería más adelante.

Fue entonces que sonó la campana de su destino. Se había decidido enviar al Hno. Grace a Colombia y Venezuela. Esta noticia electrizó a Alfie. Cristalizaba todos sus anhelos hasta entonces casi desconocidos para él mismo. Era eso lo que él quería, algo realmente grande, lanzarse a lo desconocido para buscar almas y prepararse a pagar cualquier precio por ello.

No hay que equivocarse en esto. Era la idea de la entrega de sí mismo lo que le atraía. ¿Por qué suponer que estaba hecho de un metal menos valioso que el de los incontables monjes de la "Peregrinación por Cristo" que incursionaron en las selváticas regiones de Europa y muchos de los cuales desaparecieron para siempre? ¿Por qué su sueño había de ser menos y su visión de menos alcance que la de ellos, si ellos fueron sus modelos?

Tampoco debemos imaginar que sus pensamientos fueran más limitados que los de Edel Quinn. Recuerden sus observaciones en la reunión del Concilium que la comisionó como Enviada. El gran Dr. Elías Magennis, que conocía íntimamente la zona de Africa que le había sido asignada, señaló los peligros y dificultades que encontraría y que consideraba demasiado penosas para ella. Sólo un hombre sumamente fuerte - dijo - podría soportar ese solitario ambular en tales condiciones y ustedes conocen la respuesta de Edel Quinn "no deseo que se me envíe a un pic-nic". Los elementos de peligro y privaciones no constituían un obstáculo, formaban parte de la atracción. No tengan ustedes la menor duda sobre este punto. Tampoco Alfie quería ir a un pic-nic. Un espíritu indomable impulsó a Edel ocho años y a Alfie por seis y en ambos casos un continente recibió por ellos un diluvio de gracias. Edel murió en 1944, es decir, nueve años antes que Alfie fuera Enviado. Es incuestionable que el ejemplo de ella influyó mucho sobre él.

Tal vez me haya detenido demasiado en este aspecto del heroísmo en la causa de la religión. Pero al presentar la nota de Canonización respecto a Alfie es necesario enfatizar esta pauta.

Los dos enviados fueron comisionados en una reunión del Concilium, en abril de 1953 e inmediatamente comenzaron sus preparativos. El 16 de julio viajaron a New York, donde pasaron una semana y continuaron luego a Bogotá. capital de Colombia. En el aeropuerto los esperaba la gentil Joaquina Lucas que fue enviada a Sudamérica en 1946. Ya había recorrido todo el continente y había regresado a Bogotá con la esperanza de ser útil a los recién llegados. Alfie trabajó con ella y fue ella su principal profesora de español. Sus progresos en este idioma fueron notables, al finalizar el año podía desenvolverse por su cuenta.

Fue entonces que la campana de su destino volvió a sonar. Ambato es una Diócesis en Ecuador. Su cabeza era el Obispo Echeverría, un Franciscano. La Diócesis se encontraba en deplorables condiciones, marcadas por la indiferencia, la ignorancia y las constantes deserciones. El Obispo había convocado a sus sacerdotes para considerar estos problemas. Uno de los presentes describió una reciente experiencia con la Legión, que lo había impresionado. Esto impulsó a la asamblea, con el resultado final de que todos los presentes se comprometieron a probar la Legión.

El Obispo escribió enseguida al Concilium, describiendo la situación y pidiendo un enviado que les indicara cómo debían comenzar.

En esos momentos el Concilium discutía el asunto de a dónde sería enviado Alfie en primer término. Muchos eran los lugares donde se requería su presencia. La carta del Obispo Echeverría fue la señal indicadora. Ambato está situado cerca de fa frontera. El Obispo debe haber pensado que tenemos un stock permanente de enviados listos para partir, porque se le comunicó que Alfie estaba ya en camino. El encuentro fue- muy cordial y Alfie justificó las esperanzas del Obispo, iniciando dos praesidia de inmediato y preparando el camino para muchos otros.

Tan impresionado quedó el Obispo que presentó a Alfie en una reunión de toda la jerarquía eclesiástica, llevada a cabo en Quito bajo la presidencia del Cardenal De la Torre. Alfie fue invitado a hablar ante tan augusta concurrencia y la Legión fue aceptada en Ecuador.

Luego ocurrió algo típico de Alfie. Pidió a los legionarios que se entregaran con generosidad, con el objeto de aprovechar las muchas oportunidades que se presentaban. Este material humano bisoño respondió admirablemente y se puso en marcha una campaña sensacional, destinada a expandir la Legión en todo el territorio de la Nación. Los praesidia eran de todo tipo, de presos a leprosos, de analfabetos a las clases altas del país. El trabajo fue sólido, muy pronto Ecuador se cubrió de una red de filiales.

Por supuesto que en los países circundantes todo esto se supo y muy pronto Alfie se vio asediado con urgentes invitaciones de otros países de Sudamérica. Con sentimientos encontrados, su propio Obispo accedió, pero el Cardenal De la Torre insistió en llevarlo primero al Congreso Eucarístico Internacional en Río de Janeiro, para presentarlo a los innumerables Obispos que el Congreso reuniría en esa oportunidad. Esto nos da la pauta de la extraordinaria impresión que Alfie y su trabajo despertara en Ecuador.

Por supuesto que en Alfie obraban fuerzas celestiales. Aquel, que por su precaria salud, había sido considerado inepto para ingresar en una Orden, en el templado clima de su propia patria, desplegaba una energía que azoraba a todos. En el mismo plano se encuentran su capacidad para persuadir y para organizar. Mucho más importante aun, es el hecho de que todos los que lo trataban sentían de inmediato, la irradiación de su santidad. Instintivamente, se sentía el deseo de complacerlo en todas las circunstancias, aún las más agotadoras; él permanecía imperturbable y con su simpatía habitual.

Esta irradiación de fuerza no había sido prevista por el Concilium, sabían que era muy capaz, pero desconocían esta cualidad de invencibilidad. No se necesitó mucho tiempo para reconocer este extraordinario carácter que luego fue resumido en una frase: "Alfie es la llave del continente". No tomando demasiado en serio sus impedimentos físicos, el Concilium siguió encantado, el crecimiento de la Legión.

Es especialmente impresionante el hecho de que Alfie se daba cuenta perfectamente de los grandes acontecimientos que se estaban desarrollando; repetidamente remarcaba sus cualidades sobrenaturales, pero en ningún momento se sintió tentado de atribuirse algún mérito. Irradiaba modestia.

En Río de Janeiro, en medio de los esplendores del Congreso, tuvo el placer de encontrarse con otros enviados, la formidable Joaquina Lucas nuevamente, María Diepen, de Holanda que recién llegaba para trabajar por la Legión en las Guayanas y en las Antillas Holandesas y Mary Clerkin, que debía dividirse el gigantesco Brasil entre ella y Joaquina.

Durante el Congreso, los cuatro enviados tuvieron muchas oportunidades de contacto con Nuncios y miembros de la más alta jerarquía, pero tuvieron que pagar un alto precio, pues Joaquina se quejó al Concilium de que sus compañeros se estaban matando. El Obispo Echeverría no cejaba en su esfuerzo por presentarlos a todo el mundo.

Alfie se impresionó tanto con las posibilidades que ofrecía el Brasil que había decidido quedarse allí por el momento. Sus progresos en el idioma portugués eran rapidísimos y hay que recordar que el Brasil es tan grande como Europa. Pero recibió una carta del Concilium enviándolo a la Argentina.

Si pensamos que había planeado tanto, de acuerdo con las necesidades del Brasil, debemos reconocer que esta orden debe haberle producido un "shock". Además debe haber pesado para él la consideración de que la Argentina representaba una larga inmovilidad, porque hasta ese momento se habían rehusado todos los pedidos de establecer la Legión y que su estadía equivalía a largos años de inútiles esfuerzos, golpeando puertas siempre cerradas, cuando en otros lugares cada hora le rendía extraordinario provecho.

El Concilium, por su parte, también consideró profundamente el asunto. En su posición central, podía contemplar el problema desde todos los puntos de vista e iluminados con el criterio que ya se habían formado con respecto a Alfie, es decir, que era "la llave del continente" sabia que bastaba enviarlo para que se abrieran todas las puertas.

Se esperaba que Alfie partiera de inmediato y así lo hizo. Al finalizar el otoño de 1955 desembarcó en Buenos Aires donde solamente se había autorizado la formación de unos pocos praesidia. Visitó al Nuncio, que lo recibió calurosa y cordialmente, pero la gran Diócesis de Buenos Aires continuó desfavorable, de manera que encaminó sus pasos en otra dirección.

Existían pequeñas fundaciones legionarias en las Diócesis de Salta y Catamarca y allí se dirigió vivificándolas con su intervención. Empezó entonces su monumental serie de visitas a todos los Obispos del país, lo que representaba una infinidad de viajes. Cada Obispo a su turno, reconoció su posibilidad y accedieron a su pedido. En un año fundó muchos praesidia en el territorio del país.

Estando en pleno trabajo, debió viajar a Bolivia y al Paraguay, para contribuir al crecimiento de la Legión en esas Repúblicas. Durante un tiempo lo acompañó Oonagh Twomey, la nueva enviada en Bolivia y que él sugirió lo acompañara para iniciarla en las tareas. También pasó cinco meses en Ecuador, donde la Legión marchaba admirablemente: había cuatrocientos praesidia, con muchas eficientes Curiae. Sus antiguos amigos y colaboradores lo recibieron calurosamente.

Volvió luego a la Argentina, donde muchos Obispos requerían urgentemente su presencia. Qué cambio desde unos años atrás, cuando parecía un país totalmente cerrado. La capital, no obstante, mantenía su posición de exclusión, para grande aflicción de Alfie. Pero súbitamente se produjo un vuelco. Roma dividió en cinco partes esa enorme Diócesis de cuatro millones de personas. Inmediatamente, las puertas de cuatro de ellas se abrieron para la Legión y no pasó mucho tiempo para que la quinta Diócesis otorgara la autorización. Eso sucedió el 9 de diciembre de 1957. "Todavía no lo puedo creer" escribió Alfie al Concilium.

Actualmente Buenos Aires es un centro de industria legionaria. Tiene un Senatus y treinta Consejos funcionando. En el total de un millón de millas cuadradas de la Argentina, existen ahora dos mil praesidia bajo tres Senatus y una Regia.

En su libro Miss Firtel dedica un capítulo a la extraña fascinación que Rusia había comenzado a ejercer sobre Alfie. Ya veía su obra en Sudamérica casi finalizada, con la Legión arraigada, siendo los enviados una etapa que desaparecía. No hay duda que tenía in mente algunos proyectos que significaban su traslado a otro lugar, que por supuesto sería un nombramiento de la Legión, porque tenía una total y cada vez más fuerte convicción con respecto a la Legión.

Era Rusia lo que tenía en su mente. Estudió el idioma y pronto lo dominó. Tradujo al ruso el Manual y se vinculó con rusos en Buenos Aires. Logró, gracias a ello, establecer un praesidium entre los Ortodoxos. Singular privilegio que el Vaticano otorgó a la Legión.

En su correspondencia hizo referencia a este tema y eventualmente solicitó autorización para visitar Rusia, en viaje de turismo. Esto le fue negado por razones aparentemente valederas, como ser: que el costo era muy alto y no había razón para esperar que los beneficios fueran grandes y que podía resultar una peligrosa distracción para él. Por supuesto que Alfie esperaba alguna ayuda sobrenatural en este viaje, había llegado a considerarla parte de su equipo de enviado.

No debe pensarse que se lo "desahució" en este asunto. Por el contrario, se lo consideraba mucho y todas sus palabras eran atendidas con gran seriedad. No hay duda que cuando se presentara la oportunidad de mandar un enviado a Rusia, seria Alfie el elegido, obviamente todo dependía de que su misión en Sudamérica estuviera suficientemente encaminada. Alfie había probado con creces su eficacia en cualquier empresa de la Legión.

Pero, ahora nos damos cuenta, Dios no quiso que Alfie fuera a Rusia, aunque no debemos pensar que todos sus anhelos y preparativos fueron inútiles. ¡Lejos de ello! La misión de la Legión nos obligará a pensar que el sentido indicado por Alfie es una señal de gracia, una especie de luz para un futuro operativo. En el orden práctico será ventajoso mantener este proyecto en nuestra mente. Un testimonio más de las santas cualidades de Alfie es el hecho de no permitir que nuestra negativa le causara la menor desilución.

Vamos a saltar ahora unos cuantos años.

Seguramente muchos habían pensado en Rusia y en el año 1969 se consideró que debía efectuarse un gesto simbólico; se organizó una Peregrinación a ese país. Resultó un éxito que nadie había esperado y desde entonces se realizan anualmente constituyendo un extraordinario acontecimiento. Ninguno entre nosotros duda de que los anhelos y preparativos de Alfie contribuyeron a ese fin.

Alfie había sufrido durante mucho tiempo de trastornos estomacales. Pero nosotros no lo tomábamos demasiado en serio. Alfie era un hijo querido de Jesús y María. Esas almas se guían por sus propias reglas; hacen lo que los demás no pueden hacer. Un médico movería la cabeza al verlos y sin embargo, ellos son capaces de vivir en condiciones imposibles, cumplir misiones y realizar esfuerzos que ni los hombres más fuertes serían capaces de realizar.

Por supuesto, suplicamos a Alfie, como lo hacíamos con Edel, que se moderasen, pero igual continuaron como seres súper humanos. No quiero decir que fueran desobedientes, no estaba eso en ellos. Es que veían las cosas desde distintos puntos de vista. Juzgaban que se desempeñaban dentro de su capacidad y que María, su Madre, los alentaba.

Llegamos al extremo de sugerir a Alfie que se desempeñara en la forma que designábamos como "enviado de sillón", es decir, que se quedara en un lugar y con su prodigioso don de organización, mandara sub-enviados. Esto es, por supuesto, lo contrario esencialmente, de lo que debe ser la labor de un enviado y Alfie no podía aceptarlo. Posiblemente ni tomó en serio la sugerencia. No insistimos porque no consideramos su estado realmente grave. Lo atribuíamos a cualquier cosa, menos a lo que realmente era.

Y llegó el final, como un trueno repentino. En diciembre de 1958, el Arzobispo de Córdoba autorizó la iniciación de la Legión en la provincia y Alfie se trasladó a tan importante centro. Había fundado ya cinco praesidia cuando cayó enfermo, tan gravemente, que fue llevado a un hospital. Los rayos-x indicaron que había que efectuar una operación. Por lo que fue trasladado en avión a Buenos Aires, al hospital de las Monjas Azules. La operación comprobó la existencia de cáncer generalizado. La medicina no Podía hacer nada. Alfie iba a morir.

El propio Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Copello, que había mantenido alejada a la Legión durante tantos años, le administró los últimos Sacramentos. El Nuncio que siempre fue un apoyo y un consuelo para el enviado le dio la bendición final. Dos de los nuestros nos encaminamos enseguida a Tullamore para dar la noticia a su madre. Un hermano mayor de Alfie, abrió la puerta, su madre como esperando nuestra visita, estaba a su lado. Sin haberse enterado de nada, creía que Alfie había muerto.

Fue una premonición. En los diarios del día, figuraba la noticia de un accidente aéreo, entre Córdoba y Buenos Aires y cosa increíble, ella llegó al convencimiento de que su hijo había muerto, de modo que al enterarse por nosotros de que estaba aún con vida, experimentó un alivio momentáneo.

El 21 de enero de 1959 murió Alfie. El día de Santa Inés, el día de la pureza, una de las cualidades que él poseía en alto grado. Todos los años, en esa fecha, en Roma, el Santo Padre recibe dos corderos. Se ha señalado que la Legión ofreció en ese día un cordero al Padre Eterno, refiriéndose al término por el cual se denominaba afectuosamente a Alfie, cordero, corderito, (en inglés Lamb significa cordero).

Me preguntan si creo que Alfie es canonizable. Sí, lo creo. No veo defecto en él. Eso podría ser un estado negativo pero en él estaba suplementado con una fe sin límites y otras cualidades heroicas. Puso todas sus energías en la tarea de ganar almas. Tenía a Nuestra Señora en una perspectiva perfecta. Podríamos establecer un paralelo entre Alfie y Edel. Ambos eran talentosos y encantadores, llenos de simpatía y sin retorcimientos. En los dos, una vocación frustrada se convirtió en un supremo triunfo. En el caso de Edel, el ciclo se completó en ocho años, en seis el de Alfie. A ella se la aclama como el modelo para la juventud moderna; él también puede desempeñar ese rol para los muchachos.

Dos días después del funeral de Alfie, llegó NoeI Lynch, enviado para ayudarlo, pero en realidad para tomar su lugar. Tenía veintidos años de edad y no hablaba español. Elisa Fox, que había proporcionado alojamiento a Alfie en Buenos Aires, se indignó que hubieran enviado a un niño para una misión de adulto. No vacilamos en escribirle: "Espere y verá". Ella esperó y se dio cuenta que ese muchacho de seis pies de altura, era todo un hombre. El cosechó con nobleza lo que Alfie había sembrado y trabajó bien en la viña que estaba a su cargo.
Mencioné antes a un distinguido personaje, el Cardenal Mozzoni, que era Nuncio en la Argentina en la época de Alfie y lo ayudó mucho. El Cardenal acaba de enviar una carta muy importante a la Sta. Maria Sofía del Prado, presidenta del grupo de Buenos Aires que presentó un pedido al Arzobispo para la constitución de un Tribunal que estudie la santidad de Alfonso Lambe. La carta del Cardenal es un valioso testimonio a favor de dicha petición y un ítem importante que tendrán ustedes el placer de oír a continuación:

"Distinguida señora:
Antes de todo, le agradezco vivamente y retribuyo, un poquitín atrasado, sus votos pascuales. Pero como hoy se cumple la Pascua con la gloriosa Ascención de Jesús a los Cielos, mi plegaria para usted es que El la lleve siempre a los altos con libertad de espíritu y serenidad de corazón.
Le digo enseguida que no sé nada de la Causa de la Hna. Edel Quinn; sentí hablar de ella en Lourdes, por algunas legionarias en términos muy elogiativos por sus virtudes y su heroica dedicación a los hermanos negros.
Creo que lo que fue Edel para los africanos, lo fue y puede ser un poquitín, como nuestro Alfonso para América Latina.
A veinte o veintiun años, deja Dublin y a veintiseis cuando muere en Buenos Aires, ha lanzado la simiente de la Legión en casi todo el Cono Sud de América: Ecuador; Perú, Bolivia, Argentina, Brasil.
Yo he admirado su apostolado en Bolivia y Argentina. La escritora Hilde Firtel lo define: "Un gigante del Apostolado". Y así fue: solo, sin conocer la lengua y pobre; el enfrenta hombres y mujeres, jóvenes y adultos en el nombre de María.
Por ejemplo en Bolivia él vivió días y días en Oruro entre los mineros, todos indios. Se pide mucha, mucha fantasía, imaginar lo que era entonces y lo que es aún Oruro, a 360km de La Paz y el espíritu de violencia que allí predominaba. Y bien, nuestro Alfonso consiguió fundar la Legión allí, ¡propio en Oruro! yo, cuando lo supe, dije a mí mismo: este chico cumple milagros.
En Argentina, tuve yo que guiarlo y frenarlo un poco en sus ansias de fundación y conquista: en ese momento la tierra de Santa María era legionaria.
Físicamente me pareció mucho más bajo que alto, delgado y con la enfermedad que lo minaba, él la atribuía al clima. Carácter: fuerte y a la vez muy dulce: temperamental, pronto como pocos a cualquier sacrificio. ¿Vocación? ¡La Legión! Yo creo que una vez bien completada, él habría dedicado su vida a María en el servicio sacerdotal de su Hijo Jesús.
El amor de Dios, se reflejaba y constataba en el amor al prójimo: enfermos que visitaba, curaba y para los cuales incitaba a los legionarios; eran los tiempos heroicos de la Legión, vividos en humildad y dedicación total al ideal legionario. ¡Vivir la Legión! y de esto el apostolado como exigencia. Alfonso es una estrella, de aquellas que en pleno verano, en las noches límpidas mazan rápidas los cielos, dejan una luz y desaparecen, y la luz queda a los ojos de todos los argentinos".

Como un tributo a Alfonso este documento llega a mucha altura. Y llega también profundamente al corazón.