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Alfie Lambe Enviado Extraordinario
Por John Appleton 

Siervo de Dios Alfonso Lambe en la playa de Huanchaco en Trujillo, Perú y a su costado la Presidenta de la Curia Anunciación Bertha Neyra.

Es éste un relato sencillo de la carrera de un joven que fue Enviado de la Legión de María en varios países sudamericanos. Es una narración contada llanamente. No se hace un esbozo vivo de las muchas personas que conoció, no hay descripciones espectaculares de ciudades o paisajes, un ligero análisis de las condiciones sociales o políticas, y ninguna relación de gracias extraordinarias. Con todo, la historia impresiona. El tema es suficiente por sí mismo. Y esto, de acuerdo con el ideal de la Legión tiene que ver con el progreso de la santidad personal por el servicio de Cristo en el prójimo. La santidad es discreta; el servicio es esa entrega diaria conocida de muchos, pero aquí informada por una fe serena que no rechaza ninguna exigencia y excepcional sólo en dar sin reservas. El embajador irlandés en Argentina preguntó una vez a Alfie Lambe cómo podía saber si seguía su vocación. Él contestó. "Yo mismo me lo pregunto muchas veces. Creo que uno tiene simplemente que seguir haciendo lo que está haciendo en aquel momento. Haga esto".
Alfonso Lambe nació en Tullamore (Irlanda) en 1931, en la influyente atmósfera de un hogar irlandés donde la voluntad de Dios es aceptada en silencio y con humildad, cualquiera que sea. De niño era inteligente, bastante alegre, aunque algo delicado, extraordinario sólo en su temprana seriedad religiosa. Cuando tenía 13 años, resolvió seguir su vocación, que creyó encontrar en los Hermanos Cristianos, y uno o dos años después entró en el noviciado. Aquí fue profundamente feliz; mas, como se creyó que su salud no era suficientemente robusta, los hermanos creyeron aconsejable enviarlo a casa. El disgusto fue desolador; el aparente rechazo, desconcertante. No obstante, fueron sólo los medios los que se habían confundido; había de encontrar su vocación por otros caminos.
 
 

Otra vez en Tullamore, en un momento de máximo desánimo, descubrió la Legión de María, y el atractivo de esta organización seglar le llamó irresistiblemente. Las múltiples formas de apostolado de la Legión se basan en la doctrina del Cuerpo Místico: se ve a Cristo en todos a quienes se sirve; y al darse a María, el legionario desempeña su trabajo cuidando del Cuerpo Místico, trabajo que está defendido del capricho personal por una cuidadosa organización. Alfie, ya profundamente devoto de Nuestra Señora, respondió inmediatamente a la llamada de este ideal; a los 18 años entró en un praesidium (una sección de la Legión) y pudo decir con renovada confianza:
"Creo que puedo hacer más bien en el mundo que en una orden".

Desde 1930 se había trabajado en el plan de expansión con el que pequeños equipos de legionarios llevaron la Legión de María a zonas alejadas, fundaron praesidia, prepararon nuevos socios e hicieron visitas domiciliarias. Alfie se mostró activo en este trabajo. Una fe ciega le impulsó a ponerse en camino, pero la gracia construye sobre la naturaleza. Su disposición natural fue un medio importante en la realización de su vocación. Él había de decir más tarde: "Dios pide a la gente no lo que posee, sino sus personas", y sus cualidades personales contribuyeron a los éxitos incluso en aquellos primeros días de prueba como legionario. Después de que su inicial timidez fue dominada, su talento organizador y su capacidad de comunicación mostraron pronto que poseía cualidades especiales.

Seguro ahora de su camino, se ofreció al Concilium (Consejo Central de la Legión con Sede en Dublín). Ahora, con sólo 19 años de edad, fue nombrado representante de la Legión para supervisar y ayudar a todas las secciones de Irlanda. Luego en 1953, aunque era joven, el Concilium le ofreció la ardua tarea de Enviado de la Legión en Sudamérica: "Nunca digas no", fue siempre su lema. Después de una magnífica despedida en el aeropuerto de Shannon y de una breve estancia en Nueva York, aterrizó en Bogotá. Una agotadora pero feliz misión, que había de llenar los seis restantes años de su vida, había comenzado.

La tarea que tenía ante sí era desalentadora. Una parte desconcertante del libro de Hilde Firtel (Alfie Lambe; Enviado de la Legión) la constituye la rápida visión que da de los problemas religiosos existentes en Hispanoamérica, con sus ciudades atestadas de gente, donde tan pocos católicos practican, y con sus municipios aislados y sus regiones, que parecen haber escapado al alcance de la Iglesia. El especial fervor con que los Nuncios Apostólicos, Arzobispos y Obispos acogieron la misión de Alfie Lambe para la Legión de María sólo se puede apreciar por contraste con una impresión de inercia en la vida católica de proporciones horrorosas. "Simplemente ha asombrado tanto a los católicos como protestantes el que haya católicos que trabajan activamente por la Iglesia", escribió él. Unos cuantos ejemplos ayudarán a comprender sus palabras. En Guayaquil, una ciudad "como un pequeño Nueva York" con un cuarto de millón de habitantes, los padres de más de 90 % de las familias no estaban casados; en 10 años un muchacho había sido enviado al seminario.

Debido a la falta de sacerdotes, gran parte de la población de Ecuador desconocía la religión; prevalecía la superstición y las costumbres paganas. En Salta (Argentina) el 50 % de los niños por aquel entonces habían nacido fuera del matrimonio; sólo el 12 % de los católicos practicaba. Los ejemplos se podrían multiplicar. La Iglesia parecía incapaz de llenar sus propias filas. En su ausencia, el ocultismo, el animismo y las misiones protestantes crecieron rápidamente. La universidad de Buenos Aires se había convertido en un baluarte del comunismo; en los barrios industriales se establecieron bolsas de resistencia rojas. Cuando se le preguntó qué podía intentarse para hacer frente al problema comunista, Alfie Lambe contestó: "En Ecuador no hay problema comunista; hay sólo problema católico". Su conclusión fue: "Toda esta gente quiere luchar; quieren un ideal que es lo que el catolicismo es".

La indicación de que los jóvenes se están volviendo contra la Iglesia completa el sombrío cuadro, y en esto también él atribuyó la responsabilidad: "Hasta cierto punto tienen razón". Comentando esto, dice Hilde Firtel: "Los jóvenes quieren luchar; quieren un ideal por el que merezca la pena vivir y morir. Siempre que el catolicismo desciende al nivel de una compañía piadosa de seguros con el mínimo de práctica religiosa como prima para la seguridad en el otro lado 'por si hay algo después de todo', la juventud deja pronto de interesarse. Si el comunismo es en una determinada zona el único movimiento que exige sacrificio de tiempo y dinero, el único sistema con un dinamismo visible, pronto tendrá a los jóvenes de su lado".

En este contexto comenzó Alfie Lambe sus seis años de incesante actividad en Ecuador, Chile, Paraguay, Bolivia y Argentina:
"Las ovejas hambrientas levantan los ojos y nadie las alimenta". Sin embargo, no menos asombrosa que la situación poco prometedora de la Iglesia de América Latina fue la rapidez de la respuesta a su trabajo. El hambre de Dios quería ser satisfecha. Fiel a los preceptos de la Legión, fue a todos los lugares, escuelas religiosas, casas de mala fama, pueblos indios, barrios de trabajadores, casas de gente bien, y a todos por igual dio el "respeto que se debe al rostro de Cristo". El éxito superaba a menudo las esperanzas. Por ejemplo, se fundaron praesidia en la cárcel de Quito; por vez primera en la historia de la cárcel de Quito, todos los prisioneros asistieron a misa y más de 130 confesaron y comulgaron. Adondequiera que iban él o sus equipos de "extensión", se contaban "milagros de la gracia". Su fiel amigo, el obispo Echeverría, de Ambato, llamaba a aquello "prodigio".

En cualquier parte en que se podía impulsar el trabajo de la Legión, Alfie trataba de estar presente: dirigiéndose a la Jerarquía de Latinoamérica, asistiendo al Congreso Eucarístico de Buenos Aires, visitando a obispos y sacerdotes de parroquias. ¡Había tanto para hacer y tan pocos para ayudar! El puñado de compañeros Enviados estaban lejos en sus inmensos territorios. Recorrió grandes distancias pasando por climas opuestos; sus comidas eran diversas y comía a horas desiguales. Por fin aparecieron crecientes signos de mala salud y agotamiento nervioso. En diciembre de 1958 fue llevado al hospital para ser operado de úlceras. Se vio que tenía un cáncer incurable. El Cardenal Capello, Nuncio Apostólico, le administró los últimos sacramentos, y Alfie Lambe, "El corderito", murió el 21 de enero, santa Inés. Le faltaban seis meses para cumplir 27 años.

Cabe preguntar cómo un hombre tan joven pudo hacer frente tan eficaz y equilibradamente a responsabilidades tan grandes; se observó que siempre permanecía dueño de la situación y de sus nervios, siempre estaba confortadoramente natural, nunca ''consumido'' por su trabajo. Una fe perfectamente serena fue desde luego su principal fuerza: "Sé que cuando Cristo me envía puedo hacerlo todo", había escrito cuando al principio se ofreció al Concilium. Con esta fe "vivió" la Legión y de ella sacó su amor a la gente de toda condición: "Un legionario que tiene conocimiento del Cuerpo Místico es consciente de que todo el mundo le pertenece y que cuando se desplaza a otro lugar está entrando en su propiedad". Entonces también estaba adornado con una visión única. Su biógrafo dijo de él: "Alfonso Lambe era profundo, pero no era complicado". La historia era para él no una confusión incorregible o la ejecución de alguna férrea ley natural, sino más bien el movimiento de la humanidad hacia el fin ordenado por Dios. Lejos de desalentarse en una tarea demasiado difícil de realizar, expresó "gran alegría y un sentimiento de gratitud a Dios, que en su gran amor" le había dado la oportunidad de cooperar con su designio. Finalmente su temperamento amable, simpático y tranquilo le dio acceso a una gran diversidad de gentes. Quizá también, a la luz de un cuento que contó una vez, llevaba de su tierra nativa de Irlanda otro don:
"Leí una vez que Dios se muestra a cada pueblo según su temperamento; a los alemanes les muestra su poder; a los ingleses, su justicia; a los franceses, su armonía infinita; mas a los irlandeses sólo les muestra su sonrisa.

Foto: Alfonso Lambe en la playa de Huanchaco en Trujillo, Perú; y a su costado la Presidenta de la Curia Anunciación Bertha Neyra.